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Los niños que conozco

Los niños que conozco son como todos los niños, pero "son cada uno"; Tienen su aire particular, sus diferencias, sus chispas de sabor exquisitamente distintas a cualquier otra chispa... unos son tranquilos, otros inquietos; unos habladores, otros callados. Unos son serios, otros risueños.


Los niños que conozco aún saben inventar un juego a partir de una tela, de un palo o de
una naranja.
Aún juegan a mamás y papás, a hacer carreras, a la pelota, a excavar hoyos en las paredes o en la tierra, a cocinar comiditas con tierrita y hojas.
Los niños que conozco son todos de colores. Y en ese arcoiris de pieles, traen brillo de otros lugares, traen ecos de otras voces, traen música de otras fiestas, y hasta traen recuerdos de otras historias con sabor a pasado y a futuro.
Los niños que conozco curiosean lo que pasa cerca, como hacen los niños de todo el mundo; metiendo los dientes en el pan y en el chocolate. Metiendo los pies en el charco y en el lodo.
Los niños que conozco vienen a la escuela con los ojos brillantes, con las ganas por delante y la sonrisa abierta. Y aprenden a soñar, a estar juntos, a decirse las cosas, a construir castillos, amistades y defensas.
Aprenden a leer, a contar, a mostrarse ante el mundo, a bailar, a pintar, a hacer teatrito, a discutir, a querer y a empezar a vivir poquito a poco.
Y lo más lindo, es que a mí me gusta verlos, escuchar lo que dicen y ACOMPAÑARLOS A
CRECER.

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